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martes, 20 de diciembre de 2011

Si no le duele, olvídelo VICENTE DÍAZ

SI NO LE DUELE, OLVÍDELO!

Si usted está leyendo este artículo, usted es minoría. Usted no es
representativo del pueblo de Venezuela. No se ofenda, usted puede ser
tan venezolano como el que más, dispuesto a dejarse matar antes que
entregar la patria. Sí, pero no es mayoría. Si usted tiene cuenta
bancaria (así sea sin fondos), si tiene carro, si en su grifo hay
manilla de agua caliente, si ha viajado alguna vez en avión; usted es
minoría. Tal vez se pregunte ¿qué le pasa a este tipo? ¡Toda la gente
que yo conozco es así! Sí, pero usted no conoce a toda la gente.

Su respetada opinión y la de sus amigos es minoría.

La mayoría de este país compra en mercados populares, o en Mercal.
Asiste a hospitales y ambulatorios públicos, o a Barrio Adentro.
Estudia en liceos y universidades públicas, o en Misión Sucre. Esa es
la mayoría. Tienen una relación particular con el Estado. Y mientras
más adentro el barrio o alejado el pueblo, esa relación se vuelve
indispensable para subsistir. Por eso, mientras más adentro y alejado,
más es el apoyo al Presidente. No es masoquismo amigo lector, es
supervivencia. No les importan los equilibrios macroeconómicos sino
que se cumpla la guardia del médico del barrio a quien no le preguntan
si es cubano o iraní.

Y el Presidente lo sabe. Perfectamente. Ese es su público. A ellos les
habla. En sus códigos, con sus ejemplos, con sus chistes y sus
dolores. Y les dice tres cosas. Solo tres. Dichas de mil maneras
diferentes. Les dice que se sientan orgullosos: de su pasado heroico,
de sus raíces mezcladas, de su sabiduría innata... Les dice que si
viven mal no es culpa de ellos; que alguien los robo, que los
burgueses los atracaron. Y finalmente, les dice que allí está él, para
defenderlos; que sin él volverán los malos.

Esa combinación de dependencia estatal con una narrativa perfectamente
enfocada en y para los más pobres es lo que explica la todavía
respetable popularidad del presidente entre los sectores más humildes.

Pero, como le decía, no hay ningún masoquismo. Su popularidad ha
declinado de forma importante en esos sectores. Ir al hospital y no
encontrar insumos tiene un costo. O el atraco en la buseta, o los
apagones o el retraso del metro. El vínculo afectivo no resiste
indefinidamente la frustración y el desencanto. Como en los malos
matrimonios, un cónyuge malquerido no resiste los susurros tentadores
de un tercero. Así lo demostró Ocariz en Petare. Los más humildes han
tenido razones poderosas y legítimas para respaldar a un hombre que
los quiere y habla su lenguaje. Y, sí, amor con hambre no dura, pero
la relación permanecerá hasta que aparezca el nuevo amor. Quien aspire
a sustituirlo debe ser capaz de emocionar al más humilde. Se equivocan
los expertos en mercadeo político que aconsejan a los aspirantes a
hablar el lenguaje del pueblo.

No se trata de lenguajes sino de dolores. Los más pobres solo
respaldaran a quien le duela su dolor. ¿Le duele a usted, de verdad,
la pobreza?

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