Escenarios diversos se trazan para Venezuela en los tiempos por venir. Muchos de ellos dependen de la decisión de terceros interesados; jueces y partes, con evidentes conflictos de intereses. Aferrarse a la esperanza de la sensatez puede ayudar a la ilusión; pero no necesariamente la esperanza es garantía de transparencia y de efectividad.
Como quien argumenta con refranes populares (todos tienen una contraparte efectiva y cierta); muchos advierten los peligros de ceder espacios y acciones a los poderes constituidos, como que si ya no hubiera suficiente evidencia de sus normas sobrevenidas; de sus tendencias irreversibles; de sus resultados encriptados, pero no se atreven a alzar su voz en función de un miedo mal dirigido, o mal conceptuado, que aleja votantes, que merma la participación.
Desde la perspectiva de una necesaria alternativa democrática, la ruta electoral es el consenso para dirimir cualquier diferencia que pueda existir en medio de una pluralidad evidente. Sin embargo, al entregar a terceros -así sea una ínfima parte del proceso- eventos clave para la construcción de una estructura sólida; la confianza se desvanece y la credibilidad queda sustentada en el poder mental de aquellos que son capaces de vencer el miedo.
Los fatídicos antecedentes marcaron una huella indeleble en el corazón de una sociedad que fue estigmatizada por estampar una firma democrática. Las listas de reparos, se convirtieron en una válvula de escape del repudio institucional, pero no sirvieron para diluir el efecto de un apartheid social que aún pasa factura, que aún decide admisiones o créditos, o cargos...
En pocas palabras: ¿De verdad decidimos aferrarnos a la tesis del borrón y cuenta nueva? ¿De verdad vamos a permitir que terceros interesados, que el CNE, husmee en nuestro proceso de Primarias, como si tuviera la estatura moral para validar -con su asistencia técnica- un evento íntimo?
Existen argumentos que defienden ese paso riesgoso. Dicen que conocer de cerca al monstruo puede ofrecer ventajas de cara a la máxima cita de octubre de 2012.
Algunas empresas deben tener registros de cuántos venezolanos se sienten atraídos por la idea de ir a votar el 12 de febrero bajo la sombra de un ente externo, y también cuántos prefieren evitar ese paso, al tiempo que seguramente podrían indicar cuántos venezolanos verían como positiva la iniciativa de prescindir de los servicios de un tercero interesado, y ofrecer, con toda la preparación logística y la disposición democrática, un evento probo que dé lecciones de civilidad y transparencia.
Son decisiones políticas muy fuertes que evidencian el talante de lo que viene desde la alternativa democrática frente a las instituciones que defienden una parcialidad. Hoy es el ente electoral con sus paralelismos en lo jurídico, en lo económico, en lo social, en lo comunicacional.
En todo caso, con el texto que precede como protesta de viva voz, el espíritu de participación se mantiene, aun cuando no se entienda el empeño de ceder a terceros buena parte de la tranquilidad democrática que estamos construyendo.
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